La experiencia fue brutal, caminando junto a esas bestias de tres metros de alto, teniendo la sensación de que en cualquier momento podían aplastarnos igual que nosotros a una mosca. Momento tenso el que recibían comida de nosotros mientras estábamos sentados, con la cabeza literalmente encima nuestra, y sin paciencia para esperar el siguiente racimo de plátanos...
Finalmente nos bañamos en el río con ellos, como si fuéramos niños chicos en una piscina. Simbiosis total.
No contentos con eso decidimos vivir una aventura con tirolinas. Los chicos que nos guiaron eran geniales y bromistas, y el paraje espectacular: deslizarse entre copas de árboles de 30 metros mientras contemplas la selva es algo no muy fácil de asimilar.
Caída la noche, Pepe ha de recogernos en su taxi, y cuando bajo a buscarlo me da tal abrazo de amistad que me sorprendo: Pepe estaba borracho como una cuba jajajaja. Menos mal que un amigo conducía su taxi y nos llevó al pabellón de lucha de Muay Thai, para ver unos combates de los más admirables del mundo.
Cuando le preguntamos cuánto le debíamos pagar por el transporte Pepe no responde, simplemente nos espera hasta que terminemos, así que decidimos pagarle una entrada para los combates, que costaba 15€, fácilmente varios días de trabajo aquí en Tailandia. Cuando le damos su entrada, Pepe no paraba de enseñarsela a los revisores como preguntando algo, hasta que uno le dijo en tailandés "ellos te han pagado la entrada"; en ese momento Pepe se giró para nosotros y nos preguntó "¿me habéis pagado una entrada?", Pepe no lo sabía, era algo impensable para él. En ese momento se echó las manos a la cabeza repitiendo una y otra vez "oooh my friend, ooh!!"...
Sólo por verle la cara de satisfacción a ese hombre mereció la pena pagar eso y más.
Una vez dentro...fight!!!
Un ritual previo muy curioso, unos luchadores jóvenes, un estilo de lucha brutal y agresivo, un respeto entre ellos impactante, una contradicción inexplicable....
Después de los combates toca cena en mercado callejero bajo la lluvia repentina. Comida de la zona por supuesto.
Volvemos caminando a la noche, con la satisfacción de un día aprovechado, y con muchas vivencias y emociones nuevas. Y esto sólo ha hecho empezar.
¡Vamos allá!
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